Luego de un cansado viaje, he llegado de Caracas contento de haber asistido al Foro Mundial de Tecnología organizado por El Nacional para presentar a Kevin Mitnick y Nicholas Negroponte.
Un evento muy bien organizado y curiosamente mucho más concurrido de lo esperado, pero cuando conoces la trayectoria de los dos exponentes que harían presencia, todo tenía sentido.
El foro lo inició Kevin Mitnick. Habló muy brevemente de su experiencia como hacker “no ético” y ahora como consultor de seguridad informática (hacker ético) y fue profundizando en el tema de la Ingeniería Social para explicar con todo lujo de detalles y con sorprendentes demostraciones, como un hacker podía obtener información valiosa de las empresas, si los usuarios no estaban entrenados para entender la interacción social con el hacker, más que entender un manual de 200 páginas con palabras técnicas sobre usos de redes y tokens de seguridad que a todos en las empresas nos hacen leer.
En la presentación, Mitnick demostró en vivo como hace un hacker un ataque con la técnica de phishing, en la que el usuario es engañado principalmente mediante un email indicándole que tiene que comunicarse vía telefónica con el banco debido a problemas con la tarjeta de crédito. El usuario incauto, creyendo que al ser por teléfono parece seguro, llama al número que le indican, pero este está filtrado por el hacker y luego redireccionado hasta el número real de banco.
En la demostración, Mitnick mostró en pantalla un ejemplo del email de phishing, inició una página web que “recibía” esas llamadas del número indicado en el mail, y él mismo llamó a ese número e increíblemente cayó la contestadora automática que todos conocemos de uno de los bancos nacionales. Pero mientras Kevin marcaba en el teléfono su número de tarjeta y su clave para accesar a los datos (todo ficticio, claro) que le pedía la contestadora real del banco, estos eran capturadas y grabadas por la página de phishing, que luego podrían ser usadas por un hacker para accesar a la cuenta de la víctima.
Otra de las técnicas impresionantes que demostró Mitnick fue el Caller ID Spoofing, una técnica en la que se suplanta el número telefónico de una persona que llama a otra, con la que los hackers, luego de unas llamadas inocentes, pueden obtener el número telefónico de, por ejemplo, el chico del departamento de informática de tu empresa y llamarte pidiéndote los datos de tu usuario y contraseña inventando algún problema.
Kevin lo demostró llamando a la tarima a un “inocente” del público quien puso a su disposición su teléfono celular en las manos de Mitnick (qué loco). El experimentado hacker, haciendo uso de una herramienta que costaba pocos dólares, le pidió al voluntario que le diera el número del susodicho celular y el número de un amigo que estuviera registrado en sus contactos. Cuando Kevin marcó en el aparato varias teclas, el teléfono de la víctima comenzó a repicar y en la pantalla apareció que estaba llamando su amigo. El público exclamó asombrado al unísono, y todos nos sentimos casi desnudos en medio de tantos sucesos.
La presentación de Kevin culminó más tarde con muchas recomendaciones para educar a las personas para reconocer y evitar el ataque de los intrusos mediante la Ingeniería Social, y regaló a algunos cuantos una de sus tarjetas de presentación personal, de la que yo me hice de una y confieso que como ven las fotos es para mí tan alucinante el hecho de que es totalmente de metal como lo es el haberla recibido de la propia mano del hacker más famoso del mundo.
Luego de un coffee break, le tocó el turno al legendario Nicholas Negroponte, quién inició también la presentación con un breve recorrido por sus años de experiencia con la tecnología como fundador del Laboratorio de Medios (Media Lab) del MIT y con-fundador también de la importantísima revista online de tecnología Wired.
Pero la presencia de Negroponte en el escenario brilló en todo su majestuosidad cuando con pasión hablaba sobre su visión de lo que será en el futuro la tecnología de hardware y software y como esa visión lo llevó a concebir lo que hoy es la fundación One Laptop Per Child (Una Laptop Para Cada Niño).
El señor Negroponte contaba que en sus inicios, en las pruebas que él realizaba con sus colaboradores del Media Lab para entender como los niños podían aprender mejor y con mayor calidad, contó una increíble historia que le tocó vivir con un niño latino, y que a continuación me permito traducir libremente de mis notas/memoria:
En nuestro laboratorio había un computador que había sido desarrollado basado en los preceptos propuestos por el profesor Seymour Papert, cuya función principal era enseñar a los niños a prender, es decir “aprender a aprender”.
Este equipo era muy rudimentario y básicamente sólo corría el lenguaje de programación LOGO para que los niños aprendieran mediante comandos a dibujar figuras en la pantalla. La idea era que el niño construyera, por ejemplo, una circunferencia no como nosotros la entendemos con radios, arcos, curvas y pi, sino como su cerebro mejor le pareciera, de modo que construir un círculo fuera algo divertido para el niño.
Uno de los más sobresalientes chicos que participaban en este programa se llama José. Un día, una comisión de las Naciones Unidas decidió visitarnos para enterarse de los resultados que obteníamos con estos estudios y si había algo de valor en ellos para realmente mostrar al mundo.
La visita fue muy de sorpresa, pero a su llegada, la comisión se sentó junto al niño José que siempre estaba presto a demostrar lo que sabía. Les enseñó como dibujaba un círculo y varias otras figuras, mientras los espectadores mostraban cierto asombro con la habilidad del niño José en el computador, a pesar que no pasaba de 12 años de edad. Pero en un momento, alguno de los presentes le preguntó a José si sabía realizar una tarea equis, y José sin miedo lo intentó en el computador, pero no lo lograba, en lo que un momento luego recurrió a abrir un librito que tenía a su lado (el manual de uso del LOGO) y luego de algunas ojeadas y pruebas, José logró realizar lo que le pedían.
La comisión quedó muy satisfecha y subió a las oficinas de arriba donde nos encontrábamos nosotros que apenas nos enteramos en ese momento que ellos estaban aquí. Nos contaron de su experiencia con el niño José y cuan sorprendidos estaban de ver que aunque alguna tarea no la había aprendido a hacer, tuvo la brillantez de buscar por su propia cuenta en el manual, leer la solución y finalmente realizar la tarea propuesta.
Pero yo les dije que eso era imposible. El niño José no sabía leer, y que debía estar hablando de otro “José”. Bajamos las escaleras y efectivamente ellos estaban hablando el mismo José que yo conocía. Le preguntamos cómo había hecho para leer del libro, y nos contestó que él no lo había leído pues no sabía leer, pero que no sabía explicar como hacía para entender lo que estaba ahí.
Llegamos a la conclusión que aunque José no sabía leer, el interés por entender los comandos y disfrutar de la “emoción” de demostrar lo aprendido, lo había hecho “inventar” su propia manera de leer los textos.
Una historia más que valedera para sumarle méritos a la loable labor del señor Negroponte y la OLPC, quién terminó su presentación mostrando las virtudes de esta computadora y las posibilidades en el aprendizaje de los niños.
Un gran e irrepetible evento con dos de los más grandes representantes del mundo de la tecnología que sin duda fue del agrado de todos los geeks que tuvimos el esfuerzo privilegio de asistir.